Cocodrilia

Extrañas entrevistas


10/06/2006

Archivado en: Genealogías - Rodrigo Coll @ 8:16 am

En algún momento del Juicio de Núremberg, Albert Speer, arquitecto de Hitler y, posiblemente, uno de los psicópatas más astutos con los que contó el Tercer Reich, acusó al psicólogo Gustave Gilbert, miembro del equipo de entrevistadores de la prisión, de estar "siempre ávido de añadir algo a sus saberes psicológicos". La acusación era, desde luego, una ingenuidad: Gilbert debió estar no sólo ávido. Gilbert debió estar desesperadamente ávido de recoger el más mínimo material que permitiese documentar, por primera vez, el mundo psíquico de los líderes capturados del régimen Nazi.

Era, después de todo, el reconocimiento de un gesto de la modernidad: terminada la guerra (y pese a los primeros intentos de terminar la cosa con algún juicio sumario repleto de ejecuciones), por primera vez se instalaba un tribunal internacional capaz de administrar, aún torpemente, algún tipo de justicia frente a ese eufemismo llamado crímenes de guerra.

El psicólogo Gustave Gilbert y los psiquiatras Douglas M. Kelly y Leon Goldensohn tuvieron, durante los meses del juicio, el extraño privilegio de entrevistar personalmente a una parte significativa de los principales jerarcas del nacionalsocialismo. Ese privilegio fundó una fe: la idea de que, posiblemente, el estudio cuidadoso de esos mafiosos podría revelar la anomalía psíquica que permitiese explicar la magnitud de sus crímenes.

Uno de los hallazgos más terribles, quizá el hallazgo más terrible para el espíritu vagamente romántico de los años 40 fue descubrir que, pese a lo bizarro, pese a lo infausto, pese a lo desmesurado de las acciones de exterminio y aniquilación del nacionalsocialismo, los jefes nazis no eran, esencialmente, tipos demasiado distintos al común de los personajes que podrían encontrarse en un bar de mala muerte, o en los pasillos de una fábrica de latas de atún. Dicho en otra forma: eran peligrosos, pero no excesivamente más que tantos otros que andan por allí.

Hoy, a más de 50 años de distancia, sabemos una diferencia esencial: tenían poder.

Hoy sabemos algo más: las justificaciones, los pequeños chantajes, los abusos, la infamia, tiende a repetirse sistemáticamente entre todos aquellos chiflados que alcanzan un lugar privilegiado de control y dominio.

Aquí va este fragmento de una entrevista realizada por el psiquiatra Leon Goldensohn con Hermann Göring, comandante en jefe de la Luftwaffe, presidente del Reichstag y primer ministro de Prusia, condenado a morir en la horca el 15 de Octubre de 1946 y quien, por motivos  supuestamente relacionados con su alta investidura, se administró el suicidio dos horas antes de la ejecución. Nótese, si se desea, el sereno parecido a lo que uno puede encontrar en tantas declaraciones de prensa contemporáneas:

"Deje que le explique con un par de palabras la diferencia entre Hitler y yo. A él, el pueblo alemán le llamaba "mi Führer", a mí, "Hermann". Siempre estuve más cerca del corazón de la gente que Hitler, pero él era un gran líder y yo suscribía su programa por completo. Naturalmente, tuvimos nuestras diferencias, que yo trato de hacerles entender a usted y al mundo, pero Hitler fue un gran hombre al que traicionaron algunos de sus subordinados, como Göbbels. Al final, Hitler no sabía distinguir a sus verdaderos amigos de los falsos. Se produjo una enorme traición. El programa nacionalsocialista, en el desempeñé un papel nada desdeñable, era un gran movimiento de reforma que habría beneficiado a Alemania si los enemigos de Hitler no le hubieran traicionado"

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