Cocodrilia

Grandes relatos


4/09/2006

Archivado en: Genealogías - Rodrigo Coll @ 10:17 am

Hoy aparece en El Nacional un artículo de Ibsen Martínez que no tiene desperdicios.

Como en otras entregas, Ibsen Martínez corta por lo sano y, en lugar de recontar el showcito de ese capítulo desolador que suele ser el inventario de una semana de gritos destemplados, bobaliconerías opináticas y desplantes en color rojo, prefiere dedicarse a comentar, con buen estilo, la lectura del último libro de John Lynch, titulado: Simón Bolívar: A Life, Yale University Press, New Haven & London, 2006.

Tengo motivos para estar atento a las fuentes de las que suele partir Ibsen Martínez. Hace unos años, mucho antes de ponerse de moda y ser un libro más o menos obvio en los estantes de las librerías, fue precisamente a él a quien le vi citar por primera vez el trabajo de Mark Lilla.

Esta vez, recorre algunas de las ideas de Lynch (a quien tampoco conocía) y propone, con un gesto que parece sobrio, una lectura plausible sobre el fantasma de la bolificción.

El texto me hace recordar (como tantas otras veces he recordado) esa idea sencilla y elegante de la historia como una ficción en base a un relato cierto o falso (poco importa) pero que para bien o para mal, lleva implícita una notación secreta sobre el modo de interpretar el mundo, sobre la manera de imaginarlo.

Aquí, una cita textual del libro de Lynch sobre el eterno culto bolivariano, traducida por el mismo Ibsen:

Los promotores del culto tenían una buena historia entre manos.

Un héroe de purísimo linaje criollo quien, luego de un fatídico matrimonio y de una dorada juventud en Europa, asume el liderazgo de la independencia nacional, provee la base intelectual de un revolución continental y gracias a su talento militar y político crea una unión de estados que gana respeto internacional.

Y todo el tiempo afirma su virilidad ejerciendo de amante glorioso.

Son muchos Bolívar; suficientes para que cualquiera se identificase con alguno de ellos: con el nacionalista venezolano, el héroe americano o el macho; Bolívar se aviene a todos esos roles. Pero el culto terminó siendo mucho más que mera veneración por el héroe. Bolívar se tornó el modelo de una nación.

Un pueblo poscolonial que, sin merecerlo, se ve reducido a la incapacidad absoluta de prosperar ni de disfrutar de las libertades que el héroe le legara, podía sin embargo, salvarse con su ejemplo y su guía

¿Habrá que hacer un esfuerzo demasiado grande para recordar qué relato recrea, con fantástica ilusión, una promesa análoga?

1 Comment »

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  1. Como siempre, Ibsen encontrando las citas exactas, para reflejar opiniones lúcidas y originales.

    Comment by Nassrim — 4/09/2006 @ 11:22 pm

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